Cuándo cuidar enferma
Desde Bihar presentamos un estudio imprescindible para comprender lo que durante demasiado tiempo se ha mantenido en silencio. Publicado en la Revista Clínica de Medicina de Familia (2025), analiza los datos de la Encuesta Nacional de Salud e incluye a más de 4.600 mujeres trabajadoras en España, de las cuales 338 se dedican al trabajo doméstico y de cuidados.
Los resultados hablan con claridad: este colectivo presenta un 68 % de prevalencia de enfermedades crónicas frente al 59 % del resto de trabajadoras, y sufre con más frecuencia artrosis, dolores cervicales y lumbares, ansiedad y depresión. Además, consumen más ansiolíticos y antidepresivos, mientras acceden en menor medida a fisioterapia, atención dental o consultas especializadas. Detrás de estas cifras hay cuerpos que sostienen la vida cotidiana y que, sin embargo, enferman en silencio.
La realidad tras los datos: la historia de María
María camina despacio. Todavía es de noche. El barrio huele a pan recién hecho y a cansancio acumulado. En la mochila lleva un bocadillo, un jersey gastado y un pequeño blister de ibuprofeno. Sus pasos son los de quien carga más de lo que se ve. Subirá cuatro pisos sin ascensor, abrirá la puerta de una casa que no es la suya y comenzará el ritual de cada día: preparar desayunos, levantar a Manuel, limpiar habitaciones, ordenar rutinas ajenas. Lo hará sin aplausos ni horarios claros. Lo hará con cuidado.
María no sale en los titulares, pero sostiene la vida cotidiana de este país. Y como ella, miles de mujeres migrantes, cuidadoras, empleadas del hogar, tejedoras invisibles de un sistema que descansa sobre su trabajo.
Una salud invisible y precarizada
Durante años se ha hablado del cuidado como si fuera un asunto privado, casi doméstico en el sentido más reductivo del término. Pero este estudio reciente rompe el silencio con cifras que no se pueden ignorar. Las trabajadoras del hogar y los cuidados enferman más. Tienen más dolores musculares, más ansiedad, más depresión. Tienen más enfermedades crónicas. Van menos al dentista. Acceden menos a fisioterapia. Llegan menos a especialistas. Se cuidan menos porque se piensa poco en cómo cuidarlas a ellas.
El cuidado ocurre detrás de puertas cerradas. No hay oficinas ni delegados sindicales en la cocina de una casa. No hay pausas activas ni sillas ergonómicas. Hay cuerpos que se doblan para llegar a todos lados. Hay un cansancio que no siempre se dice, porque si no se dice, tal vez parezca menos real. Muchas de estas mujeres cuidan mientras cargan su propio dolor, mientras piensan en los hijos que dejaron en otro país, mientras tragan el miedo a enfermar sin red, sin sostén.
Un problema estructural, no individual
Pero esto no es un problema “de ellas”. Nos atraviesa a todos. Cada familia que concilia, cada persona mayor que vive bien atendida, cada rutina doméstica que funciona reposa sobre el trabajo de una cuidadora. No hay distancia posible entre su salud y la nuestra. Si ellas se rompen, también se agrieta el sistema que nos permite vivir como vivimos.
Esto debemos transformarlo entre todas, por y para todas; las instituciones públicas tienen un papel ineludible. Las entidades que, como Bihar, gestionamos cuidados, también. Y las familias que contratan no sólo pagan un salario. Lo que está en juego no es solo la dignidad de unas trabajadoras. Es la solidez de una red que nos sostiene a todas y todos.
Hablar de salud en el sector del hogar y los cuidados es hablar de cuerpos que cargan demasiado y descansan poco. Es hablar de jornadas interminables, de trabajos invisibles, de fronteras difusas entre lo laboral y lo íntimo. Es hablar de migraciones, de desigualdades, de una deuda social que hemos normalizado.
Cuidar a quienes cuidan: un acto de justicia
Cuidar no es un lujo. No es una tarea secundaria. Es la infraestructura vital de nuestra sociedad. Y si no cuidamos a quienes cuidan, todo lo demás se derrumba. La ciencia nos da los datos, pero la realidad nos exige algo más que estadísticas: nos exige responsabilidad.
María terminará su jornada al caer la tarde. Volverá a casa con dolor en la espalda y un cansancio que no se quita con una ducha. Y al día siguiente volverá a hacerlo. No porque no le duela. Sino porque alguien tiene que cuidar a Manuel.
La pregunta es si vamos a seguir dejando que lo haga sola. La respuesta no puede ser individual. Tiene que ser de todos.
Desde Bihar creemos que la salud de las cuidadoras es un asunto colectivo y de prevención comunitaria. No solo porque gestionamos cuidados, sino porque creemos que el cuidado es un bien común que debe proteger a todos. Nuestro compromiso es trabajar para que las mujeres que sostienen la vida no lo hagan a costa de la suya. Para que el cuidado deje de ser invisible y se convierta en un derecho compartido. Para que ningún cuerpo más enferme en silencio.
Porque cuidar a quienes cuidan no es un gesto de bondad. Es una forma de justicia.
Acceder al estudio completo: Revista Clínica de Medicina de Familia



