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Cuando cuidar es sostener la vida

Cuando cuidar es sostener la vida: ¿por qué proponemos una mejora laboral para las cuidadoras?

Hay personas que llegan a nuestras vidas sin hacer ruido, pero que se vuelven imprescindibles. Una mañana cualquiera empiezan a acompañar a alguien que queremos, y en poco tiempo, su presencia empieza a ser sinónimo de calma, de rutina bien hecha, de saber que, incluso cuando no estamos, alguien cuida como si sí estuviéramos.

Las cuidadoras no solo cumplen tareas: sostienen vidas.

No solo ayudan a levantarse, cocinar o recordar una medicación. Observan cambios en el ánimo, notan cuándo algo no va bien, se convierten en testigos de las alegrías cotidianas y de las pequeñas derrotas que no siempre contamos. Se quedan cuando nosotras no podemos. Son vínculo, compañía, y muchas veces, el corazón del hogar.

Y sin embargo, todavía hoy, las condiciones laborales que la ley les asigna no están a la altura de lo que hacen. El contrato que se firma es el de empleada del hogar, como si el trabajo se limitara a limpiar el polvo o barrer el suelo. Como si cuidar a una persona, acompañar su intimidad, entender sus silencios y estar disponibles emocionalmente fuera algo accesorio. Como si no requiriera formación, experiencia, sensibilidad.

En Bihar lo vemos cada día: las cuidadoras que trabajan junto a nosotras cuidan mucho más allá de lo que marca ningún contrato. Y por eso, cuando acompañamos a una familia, también proponemos algo que no aparece en los papeles, pero que lo cambia todo: mejorar sus condiciones laborales, reconociendo el verdadero valor del cuidado.

Una decisión ética, un gesto justo Lo que proponemos es sencillo y profundo a la vez: realizar una mejora salarial  de la cuidadora más allá del mínimo legal. No porque haya que hacerlo, sino porque es lo justo.

Porque cuando alguien entra en nuestra casa a cuidar a quien queremos, no está haciendo un trabajo cualquiera. Está haciendo un trabajo esencial. Y merece ser reconocida, también con un salario digno, por lo que realmente hace: estar disponible, sostener, acompañar, vivir con otra persona, día tras día, desde el respeto.

La importancia de una mirada más amplia

Sabemos que la decisión final es de cada familia. Pero desde Bihar la planteamos con claridad porque creemos en ella. Porque mejorar las condiciones laborales de quien cuida no es solo un acto individual: es una apuesta por una sociedad más justa, que pone el cuidado en el centro.

Vivimos en una cultura que premia la productividad, lo rápido, lo visible. El cuidado, en cambio, es silencioso, lento, comprometido. Y sin embargo, ¿qué hay más importante que saber que alguien cuida bien a quien amamos?

Cuando una familia decide subir el salario, no solo reconoce el trabajo de esa persona. También le dice: nos importas. Le permite tener un descanso más digno, una vida con menos sobresaltos, la posibilidad de cuidar sin descuidarse.

Y al mismo tiempo, fortalece el vínculo. Porque cuando hay reconocimiento, hay confianza. Y cuando hay confianza, el cuidado fluye mejor. La persona cuidada lo nota. La familia también. Es una red que se hace más firme y más humana.

Porque cuidar también es cuidar de quien cuida A veces pensamos que el cuidado es un asunto privado. Que basta con que funcione bien en casa. Pero el modo en que tratamos a las personas que cuidan dice mucho de cómo queremos vivir, de qué sociedad queremos construir. Una sociedad sana y verdaderamente democrática se mide también por cómo cuida a quienes cuidan.

Por eso, en Bihar insistimos: pongamos en valor ese trabajo silencioso y esencial. Miremos a la cuidadora no solo como una trabajadora, sino como una aliada vital. Y si podemos, mejoremos sus condiciones. No como un gesto extraordinario, sino como una forma de justicia cotidiana.

Porque cuando alguien cuida de nuestras vidas, lo mínimo que podemos hacer es cuidar un poco de la suya. Por que desde Bihar creemos que para que una persona pueda desarrollar su proyecto vital no se puede hacer a costa del proyecto vital de otra, hay que equilibrar ambas vidas y que ambas tengan sentido. 

Soraya Perez Rebollar

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